Caos y armonía familiar
¿Hay piscina? Nadie respondía ni prestaba atención en medio del barullo de esa mañana. Mi mamá se afanaba con las maletas, que cargaban ropa y enseres para tres días de veraneo de ocho hijos de diferentes edades, entre los seis meses de la más pequeña y los doce años del mayor. Mi padre, revisaba las condiciones del auto con el capó abierto ayudado por Rafael. Toño se acercó con las bicicletas, listo para meterlas en el baúl. —Las bicicletas no van —declaró mi padre. —Papacito, déjeme que yo sé cómo amarrarlas. Rosa, la empleada, asistenta y niñera, cargaba las canastas de viandas, teteros, leche en polvo y frutas y golosinas que nos acompañarían en las vacaciones. Mi abuelita nos apuraba a partir: —Si no se marchan ya les va a caer la noche. Miraba a su alrededor la algarabía de niños, bultos y enseres amontonados por doquier, y clamaba: —¡Virgen Santísima! ¡Qué caos!. Supongo que no vería la hora de que la dejaran en paz. Finalmente, el Lincoln modelo 4 8 ...