Ruán, la tierra de Juana de Arco

 

El 30 de mayo de 1431 fue quemada en la hoguera, en la plaza del mercado de Ruán, Juana de Arco, conocida como la Doncella de Orleans.  Juana fue acusada de herejía y otros cargos, el más grave: el uso de vestimenta masculina, en un proceso profundamente político e injusto.


 Aprovechamos la parada en Le Havre, para visitar Rouen/Ruán, capital de Normandía, en el norte de Francia. Fue un recorrido veloz que nos llevó a la Catedral de Notre Dame de Ruán, cuya construcción se inició en el siglo XII.  Esta catedral constituye una de las más notables expresiones del arte gótico francés. Su fachada, de una riqueza ornamental extraordinaria, ha sido descrita como un verdadero "encaje de piedra". La torre central, conocida como la Aguja, alcanza los 151 metros, lo que la convierte en la más alta de las catedrales de Francia.

 

Sobre uno de sus muros exteriores se distingue una serie de figuras doradas que representan a Juana de Arco y sus tropas. Destacan por su brillo dorado, en contraste con la piedra gris de la fachada, y la muestran cabalgando con su estandarte, convertida ya en una figura épica legendaria.


En el interior de la catedral hay capillas, vitrales y otros elementos dedicados a su memoria. Esta presencia no es casual: tras el juicio de rehabilitación de 1456 —que anuló su condena—, la Iglesia inició un lento proceso de restitución de Juana como una forma de reivindicación,  que culminaría cuatro siglos después con su canonización en 1920. 

En el costado occidental de la Catedral se encuentra el Museo de Juana de Arco, en lo que anteriormente era el Palacio episcopal. Allí tuvo lugar el juicio de Juana en un proceso que duró varios meses, desde diciembre de 1430 hasta mayo de 1431.

A Juana de Arco se le atribuye un papel decisivo en la fase final de la Guerra de los Cien Años. Su intervención en el sitio de Orleans en 1429 marcó un punto de inflexión y permitió la coronación de Carlos VII de Francia en Reims. Tras la coronación del rey, Juana continuó liderando batallas como comandante de las tropas francesas. Hasta que en 1430 cayó en manos de los ingleses, quienes la acusaron, condenaron y ejecutaron de la manera más cruel. Al ser acusada de bruja y hereje, el propio rey Carlos se desentendió de Juana ya que su reinado corría el peligro de ser cuestionado por ser  obra de brujería.

Hoy, Juana de Arco es mucho más que una santa y heroína: es la patrona de Francia, una figura que transita entre la historia y el mito, entre la fe y la política. Su imagen se multiplica en altares y monumentos, y atrae a visitantes de todo el mundo que, como yo, buscan acercarse al lugar donde fue martirizada.

La historia de Juana de Arco no deja de ser asombrosa: una joven campesina que afirmó escuchar voces celestiales, se conviritió en líder de ejércitos, influyó en el destino de una nación y enfrentó con sorprendente lucidez los interrogatorios de teólogos y juristas experimentados. Sin embargo, no se escapó al castigo de los poderosos por su grandeza y dones especiales. Cuando murió en la hoguera, apenas tenía 19 años.


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