Santiago de Compostela: ¿leyenda, mito o fe profunda?
En el año 824 el ermitaño Paio encuentra una tumba misteriosa. Comunica su hallazgo al obispo Teodomiro y a su ayudante Martín. Al obispo se le ocurre una gran idea: hacer creer al mundo que aquellos restos pertenecen al apóstol Santiago: San Yago (Jacobo el mayor).
A través de una maniobra muy bien planeada, logran convencer a la Iglesia de que esta estrategia podría atraer a la cristiandad hacia este lugar remoto donde "termina la tierra", y servir además, para combatir las sectas paganas y los cultos celtas que pervivían en la región. El Camino de Santiago se convirtió en uno de los peregrinajes más famosos y emblemáticos del cristianismo.
Doce siglos más tarde los caminantes continúan llegando al Finesterre en Galicia para sanar el alma y limpiar sus heridas con una convicción tan profunda que ni la modernidad ni los grandes avances tecnológicos han logrado combatir. ¡Qué ingenioso fue el Obispo Teodomiro!
Tras cuatro meses de peregrinaje, nosotros llegamos a Santiago de Compostela y nos asombramos ante la magnificencia de la Catedral del Apóstol. ¿Leyenda, mito o fe profunda? También nos sentimos poseídos por el halo envolvente del botafumeiro y por la convicción de los peregrinos.
En nuestro recorrido aprendimos que esta región de Galicia constituye uno los reductos celtas más auténticos de Europa, junto con Gales, y algunas provincias de Irlanda y Escocia. Por eso no nos sorprendió escuchar a nuestra llegada el timbre melódico de una gaita que recibe a los visitantes y peregrinos. La procedencia celta explica el hecho de que la iglesia consagrara los restos de un personaje venerado por los druidas y los habitantes de esta zona, con el fin de convertirlo en una fuente de devoción y de beneficios para la Iglesia catóilica.
No es casual que el culto al apostol haya sido elegido en este lugar. Resulta que el Finis terrae, era desde la antigüedad un sitio de peregrinación obligado: "el camino de las estrellas" (Compostela), donde se fundían las energías del cielo y de la tierra. De estas creencias surgieron ritos que unieron lo pagano y lo cristiano en una amalgama de superstición, fe y simbolismo.
Paloma Sánchez Garnica desarrolla esta idea de forma magistral en su novela El alma de las piedras. La narración parte del hallazgo de restos humanos en una cripta por parte de un ermitaño llamado Paio, quien lo da a conocer al obispo Teodomiro y a su escribiente Martin. Este episodio histórico, ocurrido en el año 824 en el lugar de Galicia donde hoy se erige la Catedral de Santiago de Compostela, da origen a una narración que combina mito, leyenda, acción y suspenso para develar los motivos detrás del culto a "San Yago", derivación de "Jacobo", transformado luego en Santiago.
La novela justifica el razonamiento de los fundadores del mito y deja claro que los motivos de sacralizar unas piedras prevalecen sobre el afán de algunos por develar la verdad. Al ser testigo de la grandeza de la ciudad de Compostela, y de la fe con que creyentes y no creyentes persiguen un sueño de llegar hasta la tumba del Apóstol, compredimos el mensaje. No importa tanto el destino, sino el proceso y la convicción que cada uno lleva dentro de sí.
En palabras de Sánchez Garnica:
Solo la fuerza de la fe será la que consolide una fe y destruya la otra,
solo el tiempo dejará en el olvido una y sacará a la luz la otra.
El alma de las piedras.
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