Cacería de brujas




Durante una visita al Castillo de Edimburgo en 2022, descubrí un memorial en piedra en las afueras de la Explanada. Me di cuenta de que se trataba de un monumento a las brujas que fueron quemadas y ejecutadas en ese lugar durante los siglos XVI y XVII bajo el reinado del rey Jaime VI de Escocia. El Pozo de las Brujas consiste en una fuente de hierro fundido y una placa que recuerda y reivindica a las mujeres que fueron quemadas en la hoguera por ejercer la brujería. Solo durante el reinado del rey Jaime VI, más de 5,000 mujeres fueron ejecutadas. En Europa, se cuentan más de 60.000 ejecuciones por prácticas de hechicería, de las cuales la mayoría de las víctimas eran mujeres.

La inscripción al lado de la fuente mostraba la ilustración de uno de los juicios llevados a cabo en este lugar: el Juicio de North Berwick. Dos mujeres fueron acusadas por conspirar contra el rey  y por tanto, ejecutadas en este lugar.  Muchas otras fueron quemadas en la hoguera en el sitio que actualmente se encuentra cubierto por la explanada al frente del castillo.

Como señala  Gina Canepa, hoy sabemos que la persecución de brujas fue mucho más que un acto de histeria colectiva manejado por estadistas y clérigos fanáticos.. Sabían de hierbas y curaciones; eran las parteras y comadronas y también las que se ocupaban de procurar los métodos de anticoncepción en una época en que este era un asunto aprobado por las autoridades como forma de controlar el aumento desmedido de población.

En la Edad Media las ‘brujas’ se homologaban con la sabiduría y su oficio tenía una connotación positiva. Eran mujeres que poseían conocimiento y ese conocimiento les otorgaba poder. Ellas eran consideradas curanderas y conocedoras de la naturaleza. Sin embargo, el acceso a la ciencia y a las curaciones se convirtió en una amenaza cuando se propagó la peste en Europa y las poblaciones se vieron diezmadas. Entonces, se las culpó de actos demoniacos y se les despojó de sus poderes curativos.  Fue en esa época con la reforma protestante y la publicación del tratado Malleus Maleficarum que se inició la persecución feroz contra las brujas.

Los estados lanzaron una guerra feroz contra las mujeres orientada a doblegar el control sobre sus cuerpos y su reproducción. Esta guerra se libró principalmente a través de la caza de brujas que literalmente demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de la sexualidad. Las mujeres perdieron el control que habían ejercido sobre la procreación, mientras que los médicos hombres comenzaron a ser considerados como los verdaderos dueños de la vida. Si en la Edad Media las mujeres ejercían un control indiscutible sobre sus cuerpos, estos se transformaron en territorio político, controlados por los hombres y el Estado. Desde entonces fueron destinadas a la tarea reproductiva por excelencia y se le limitó el acceso a la educación y al conocimiento..

El monumento a las brujas llamó mi atención por lo que decía su inscripción: Esta fuente fue diseñada por John Duncan R.S.A. Está cerca del sitio en el que muchas brujas fueron quemadas en la hoguera. La placa ilustra un relieve de bronce con dos cabezas enrolladas por una serpiente. El dualismo de los gestos de las dos figuras intenta resaltar el equilibrio entre el bien y el mal y mostrar que cada historia tiene dos lados. El relieve contiene la imagen de una planta de foxglove (dedalera), desde cuyo centro surge una serpiente enrollada alrededor de la cabeza de Esculapio, el dios de la medicina, y su hija Higía, la diosa de la salud. La planta de dedalera, aunque se usa medicinalmente, también puede ser venenosa dependiendo de la dosis, y la imagen de la serpiente imbuida de sabiduría también se reconoce como maligna.


Esta misma dualidad está presente en las políticas actuales. A pesar de las batallas ganadas por las mujeres en los siglos veinte y veintiuno, la cacería de brujas sigue vigente a través de políticas que reducen el papel de las mujeres en la vida pública, en la sociedad y en la cultura. Pareciera que el poder que otorga el acceso al conocimiento fuera una amenaza que se cierne sobre el sistema masculino dominante.

Las leyes que resurgen de nuevo para ejercer control sobre el cuerpo de las mujeres y las decisiones sobre el mismo revierten logros alcanzados con mucho esfuerzo, se afianzan y  cada vez más reciben el apoyo del conglomerado. Los movimientos feministas como El #Metoo y cualquier reivindicación de los derechos se catalogan como asuntos de brujas, y sus acciones de brujerías. Es cierto que hay mujeres que ocupan posiciones  de poder y hoy en día tenemos acceso a la educación y al mercado laboral, pero como en la placa, los alcances tienen dos caras y las normas excluyentes y discriminatorias son un arma de doble filo.

 


 

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