La promesa de Etiopía



¿Existe la tierra de Prester John? ¿Es verdad que en este reino corren ríos de leche y miel y sus riquezas son tan vastas y sus tierras tan fértiles que solo se comparan con el Jardín del Edén?  ¿Y es cierto que en sus territorios se encuentra el arca de la alianza? ¿O es solo un mito que la leyenda confunde con las incógnitas del universo? 

Etiopía encierra ignotos misterios por ser la región donde nace la historia de la humanidad. Es también donde se mantienen las tradiciones de los primeros cristianos; es la tierra de la Reina de Saba y del legendario Prester John. Pero es también, un país donde se mezclan la tradición y la modernidad en un sincretismo deslumbrante.

El viaje a Etiopía que realizamos en junio del 2017 cumplía una promesa hecha por Roberto cuando viajaba con frecuencia como consultor a África. De todos los países que visitó, Etiopía había calado especialmente en su espíritu y prometió llevarme algún día a descorrer sus misterios.

El reino de Prester John

El recorrido por  Etiopía fue como imbuirse en una novela de enigmas, misticismo, leyendas y mitos, pero con una gran dosis de realidad real, es decir, una especie de realismo mágico.

Lo más asombroso fue encontrar la religiosidad acendrada de sus habitantes, en su mayoría cristianos ortodoxos, quienes mantienen los ritos de los primeros tiempos enraizados con las prácticas judías, como si se borrara la división entre el antiguo y nuevo testamento. A la vez, estos rituales se diluyen en las creencias nativas africanas. Es decir, una síntesis de magia, superstición y religiosidad que rige y determina los destinos de la población. La gente sobrevive enclavada en sus tradiciones, pero no percibí angustia ni azoro en su precaria existencia. Por el contrario, asumen su destino por la esperanza certera de obtener una compensación en el más allá.

Etiopía es un país orgulloso de su estirpe, de su raza y de su pasado. Se dice que en sus perímetros se hallaron los rastros de los primeros humanoides: Lucy y Selam (fósiles con más de tres millones de años) de la especie Australopithecus que precedió al Homo Sapiens. Los restos se conservan en el Museo Nacional de Addis Adaba. También es la cuna del café. Una planta silvestre de la región de Kafe, descubierta gracias a un pastor que observó que sus cabras se excitaban cuando comían la pepa roja de un arbusto que crecía en las colinas de montes bajos. Al procesar el grano y destilarla en agua caliente, se encontró con una bebida con sabor amargo, pero tonificante que se convirtió en el famoso café que degustamos hoy en día.

Obeliscos en Axum

 Lo más impactante del viaje fue el recorrido por Axum y Lalibela en el norte del país, una región que encierra los misterios más deslumbrantes que jamás haya conocido. En Axum se hallan los obeliscos gigantes tallados en piedra. Son moles impresionantes que alcanzan 40 metros de altura y se mantienen erectos desde el siglo diez, cuando fueron construidos. Los obeliscos contienen inscripciones que aún no han sido descifradas con similitudes muy inquietantes con otras moles encontradas en Egipto y con las estelas de Yucatán, México. Una de las piedras derrumbada por algún terremoto se partió en varios segmentos y al acercarme a observar la talla me pareció exacta a las que observé en Uxmal, Yucatán, el signo del infinito, según los mayas. Otras mismas semejanzas encontré entre algunas tallas en piedra que nos asombraron por la exactitud con piezas arqueológicas de la cultura olmeca halladas en el centro de México. 

 

Axum- Obeliscos caídos

“Somos hijas de la reina de Saba”.  Fue lo que aseguraron varias mujeres con quienes nos topamos en el recorrido. La leyenda cuenta que Saba, originaria de Etiopía, viajó hasta Jerusalén para conocer al rey Salomón, con quien tuvo un hijo, Melekén.  El joven creció para convertirse en el fundador de la dinastía monárquica que rige hasta hoy los destinos del país.

Los etíopes se precian de ser descendientes de la unión entre Salomon con la reina de Saba. Cuentan que Melekén viajó para conocer a su padre en el templo de Jerusalén. Al no conseguir mayores prebendas del gran rey, a su regreso se robó el arca que se encontraba en el templo y la llevó consigo hasta Etiopía. El arca ha sido objeto de búsqueda y exploración de todas las culturas. Desde las cruzadas en los siglos XII y XIII, pasando por la intervención de los templarios, los portugueses, ingleses, italianos, masones y exploradores de diversas procedencias. Muchas de estas leyendas asocian el arca con el santo grial, como metáfora del objeto sagrado, por ser depositaria del máximo tesoro de los judíos: las tablas de la ley de Dios inscritas por Moisés en el Monte Sinaí. En Axum conocimos la iglesia de Santa María (Bete Marie), donde dicen que se halla el arca de la alianza. Sin embargo, aunque aseguran que el arca se encuentra en esta iglesia nadie nunca la ha visto y solo el guardián del arca destinado de por vida a proteger el recinto donde reposa el valioso objeto puede acceder a esta.

                         Iglesia de Axum, donde se presume se halla el Arca de la Alianza
            

Según Graham Hancock en The sign and the Seal, Moisés pudo haber sido un iniciado que aprendió las artes mágicas de los egipcios contenidas en la alquimia y otras ciencias, y que hizo uso de estos conocimientos con magistralidad para provocar los fenómenos que se conocen como milagros: la zarza ardiente, las plagas y la matanza de los primogénitos. Gracias a sus saberes ocultos, escribió las tablas de la ley y construyó el arca de la alianza con insumos que la hacen poderosa e inaccesible para los no iniciados. Este elemento puede ser no más ni menos que el uranio, que se encuentra en abundancia en el monte Sinaí. Según la Biblia, el arca fue el instrumento que ayudó a ganar batallas a los israelitas, con ejércitos que perecían misteriosamente ante su presencia o que aniquiló con una luminosidad lacerante a los incautos que se atrevieron a acercarse. Hancock especula sobre la utilización de metales radioactivos en la construcción el arca y explica la razón por la que solo ciertos “escogidos” pueden acceder a ella. Lo cierto es nadie puede constatar su existencia, pero creen que el valioso tesoro se encuentra en la iglesia de Axum, lo que les da un poder y seguridad enorme a la población etíope. Es cierto que salvo por unos años bajo el dominio portugués e italiano (durante los años de Mussolini), Etiopía es el único país de África que no ha sido conquistado ni colonizado por ninguna potencia. Ellos atribuyen esta soberanía a ser los guardianes del arca de la alianza.

 

Lalibela, la tierra de Prester John

En el  año 1160 el emperador de Bizancio, Manuel I Commnus  recibió una carta muy curiosa. El remitente se preciaba de ser el rey más poderoso de la tierra en el oriente además de profesar la fe cristiana. La descripción de su reino hablaba de tierras fértiles, ríos y criaturas de unas características fantásticas.  Aseguraba que en su territorio no existía la pobreza, la ignorancia, el adulterio ni los ladrones. Era una tierra de recursos abundantes donde corrían “ríos de leche y miel”.

El papa Alejandro III supo sobre esta carta y  lanzó una flota de exploradores por el oriente en busca del extraño monarca cristiano. Nunca encontraron nada que se le pareciera y el famoso presbítero Juan, se convirtió en una leyenda que ha nutrido numerosos libros de aventuras y misterios. Uno de los escritores que dedicó una extensa novela a este tema fue Umberto Eco en  Baudolino.

Umberto Eco describe con singular maestría el viaje del héroe que mezcla leyenda, acción y suspenso.  En la novela, un grupo de caballeros armados emprende un viaje en busca de la tierra de Prester John. A lo largo de la travesía, deben pasar numerosas pruebas a través de selvas, ríos, montes y lugares inexpugnables. Cuando se encuentran con criaturas fantásticas como unicornios, sátiros, eunucos y criaturas fantásticas, creen que están cerca de lograr su objetivo. Los expedicionarios nunca conocen a Prester John, pero concluyen que el proceso era superior a la ansiada meta. En los intersticios de la búsqueda, la narración épica se nutre de las supersticiones y las pugnas religiosas que prevalecían en el medioevo. 

Nosotros tuvimos la fortuna de conocer la tierra de Prester John cuando viajamos a Lalibela, al norte de Etiopía. La tierra descrita en la carta habla de una zona montañosa de valles y colinas esplendorosas. Lalibela es el nombre del rey que viajó a Jerusalén y conoció los reinos europeos, donde aprendió sobre los usos y costumbres de la época. A su regreso a Etiopía decidió entronizar la fe cristiana y crear una nueva Jerusalén y para eso mandó construir una serie de iglesias subterráneas conectadas entre sí y varios monasterios  enclavados en las montañas de la región. Se cree que fue este rey el que envió una carta a los príncipes de Europa anunciando la existencia de su reino lleno de maravillas.

 

El recorrido por las once iglesias subterráneas de Lalibela fue una aventura inolvidable.  Las iglesias fueron construidas en el siglo XII con un sistema de excavación en bloques de roca basáltica. Las estructuras están cercadas por canales que evitan las inundaciones y que hacen posible mantener las construcciones protegidas.


Cuando descendimos a la primera iglesia, Bete Mariam,  nuestro guía nos pidió que nos quitáramos los zapatos y yo debí cubrirme la cabeza totalmente. El recorrido por los recintos sagrados se hacía a través de pasadizos y corredores adornados profusamente de cortinas rojas oscuras y pinturas relativas a la biblia con el estilo característico del arte etíope. Las imágenes muestras caras planas y redondas con motivos alusivos a los pasajes bíblicos y con gran devoción por la virgen, san Jorge y el arcángel Gabriel.


 

 Proseguimos el recorrido por Bete Maskal y luego por   BeteDenagel. Al ser preguntados por la construcción de estas  iglesias, el guía nos ofreció una serie de explicaciones fantásticas. Nos aseguró que las iglesias fueron erguidas por ángeles que visitaron el lugar en el siglo XII. Al pedirle mayor explicación sobre la naturaleza de dichos ángeles, nos llevó a uno de los recintos y nos mostró las imágenes de los “caballeros de las cruzadas”. Nos sorprendió que confundiera los cruzados con los ángeles, pero en su razonamiento quedó claro que para ellos estos fueron los enviados de dios. 

El paso entre los templos subterráneos no estuvo exento de sorpresas. La sensación de enclaustramiento por entre los túneles era un tanto tenebrosa. Las imágenes religiosas y los signos de las cruces en las rejas de ventanas y la escaza luminosidad evocaban películas de horror. Cuando pasamos del Bete Medhani Alem (casa del Salvador) al Bete Golgota (casa del Gólgota) el guía determinó que yo no podía entrar a este recinto por mi condición de mujer. Al preguntarle la razón, me explicó que  Jesús solo escogió hombres para ser sus discípulos y apóstoles. La segunda razón fue que el Gólgota alude al lugar donde fue enterrado Jesús y ninguna mujer puede profanarlo con su presencia. Me recordó que cuando Jesús resucitó y María Magdalena se acercó a él, Jesús dijo “no me toques”. Yo le pedí referencias de la biblia. Sin hacer caso a mis razonamientos, se dirigió al recinto con mi marido y me indicó que los esperara en un cuartucho.

Cuando me quedé sola me encontré sumida en la penumbra de un cuarto pequeño que me dio la sensación de hallarme en una mazmorra.  Me sentí rodeada de espíritus ocultos ansiosos de ser perturbados. Una especie de aprehensión me asaltó en forma de una suerte de hormigueo. Por fortuna Roberto regresó pronto con su acompañante y me informó que no había nada de especial  en el Gólgota, salvo unas armaduras antiguas de los cruzados. 

Al reemprender el recorrido otra sorpresa nos esperaba. En las paredes de una de las iglesias, se apreciaban una serie de figuras simétricas que revelaban la esvástica nazi.  En efecto, el inconfundible signo resultaba ser una de las tantas formas de la cruz utilizadas en la antigüedad en los cultos cristianos. No por eso dejaba de ser perturbante. El recorrido concluyó en la iglesia de San Jorge. Esta es la mejor conservada y la que tiene una simbología muy reveladora: la forma de cruz en su superficie.   

Muchos fieles y turistas visitan esta iglesia, símbolo del culto cristiano en un continente y zona donde la mayoría de la población es musulmana. 

Iglesia de San Jorge en Lalibela
 

La jornada continuó con la visita al monasterio Mariam enclavado en la montaña de Ashetan.  En la subida por rocas escarpadas conocimos a nuestros verdaderos ángeles: unos jóvenes del lugar que nos ayudaron a trepar hasta la cumbre. Allí nos esperaba un presbítero, que nos saludó con varias cruces en sus manos. 


Sin decir una palabra, este hombre salido de una rendija de la edad media nos mostró el libro sagrado, provisto de las imágenes que cuentan los episodios de la biblia como en una serie animada. Luego nos invitó a  que lo siguiéramos con señas por el monasterio. Cruzamos galerías adornadas de pinturas y cortinas pesadas de rojo oscuro. Al contrario de las iglesias enterradas, en sus muros se percibe un ambiente que invita al recogimiento y a la oración. Así lo percibí mientras el sacerdote nos mostraba los símbolos religiosos con amable gesto. Al salir del monasterio nos deslumbró un paisaje asombroso de montañas cimbradas de nubes rollizas. Observamos a un grupo de personas de la región en una especie de junta al filo de la cumbre. Sus vestimentas de túnicas blancas con una especie de turbante sobre la cabeza nos transportaron siglos atrás. En verdad, habíamos descubierto la tierra de Prester John. 

El retorno por la escabrosa montaña fue un desafío mayor. Por fortuna, dos ángeles aliviaron la carga de la bajada sirviendo como bastones. Abraham y Mersha, dos grandes admiradores de James Rodríguez y de Shakira, se convirtieron en nuestros guardianes y me convencieron de la existencia de ángeles en la tierra de Lalibela. 

Caverna de Yemerehne

La última visita fue a la Caverna de Yemerehne, donde se encuentra la iglesia más antigua de la zona, construida en el siglo X. Allí, enclavada en la piedra de la gruta se halla el templo enmarcado por los signos de la fe cristiano-ortodoxa. Lo más tenebroso de esta caverna fue observar una acumulación de huesos, calaveras y restos humanos apilados en un rincón. Como si la oscuridad de la caverna fuera poco, y la sordidez de la gruta ennegrecida por humos antiguos no causara un efecto fantasmal, la presencia de los huesos nos provocó espanto. Nos explicaron que la iglesia ha sido objeto de peregrinación a lo largo de los siglos. Muchos de los feligreses perecían por el camino y sus restos eran transportados a la caverna con la esperanza de que al menos sus  almas alcanzaran la gloria celestial.  El momento más emocionante fue volver a salir a la luz y retornar al presente.

De regreso al Addis Adaba pudimos degustar un café propio de Etiopía siguiendo el ritual tradicional. La ceremonia requiere tiempo y paciencia porque está destinada a degustar la bebida aromática en sus diversas fases y celebrar la amistad y la armonía. Esto fue lo que hicimos con nuestros anfitriones, Beyena y Messie.

 

 

 

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