Nuestra Victoria/ Our Victory
It’s a girl, sentenció el doctor Kyong. Luego de examinar con el escanograma los pulmones, el hígado, el corazón y de que pudimos observar un tremendo bostezo entre las líneas difusas del escanograma, por fin se dirigió a la parte deseada y con voz apenas audible murmuró, It’s a girl.
Incrédulo, Roberto le pidió evidencia de su afirmación. El doctor le señaló algo en la pantalla que indicaba la ausencia del péndulo aquel que determinaba el género de la creatura. Yo no alcancé a verlo porque las lágrimas me nublaban los ojos.
It’s a girl, gritó triunfante Roberto. Es Victoria, es nuestra Victoria. Me abrazó y sus lágrimas se confundieron con las mías. Como pocas veces, mi marido expresaba su entusiasmo a voces. Yo en cambio callaba para detener el galope de pensamientos y emociones que se atropellaban en mi mente. El doctor Kyong, quien había monitoreado la búsqueda de ese embarazo tan anhelado y luego, el proceso de gestación continuaba examinando la pantalla, mientras recorría con un dispositivo gelatinoso mi vientre abultado. Nos explicaba el estado de cada órgano, pero nosotros ya no le hacíamos caso, irradiados de felicidad total.
Una niña, ya no
era un concepto, era real. Habíamos procreado una niña, que sería una gran
mujer, como muchas de las antecesoras que la precedieron. Una mujer que
encontraría el camino abonado para aprovechar las oportunidades que ofrece esta
nueva época.
It’s a girl. Hoy 32 años después de su nacimiento, no cabe duda al ver la gran mujer, sujeto de su espacio, dueña de sus actos, de su destino y de su libertad, en que se ha convertido nuestra Victoria.
OUR VICTORY
"It’s a girl," declared Dr. Kyong. After examining the lungs, liver, and heart with the scan, and after we saw a tremendous yawn between the blurred lines of the scan, he finally moved to the desired part and murmured, barely audibly, "It’s a girl."
Incredulous, Roberto asked for evidence. The doctor pointed to something on the screen that indicated the absence of that pendulum which determined the gender of the creature. I couldn’t see it because tears clouded my eyes.
"It’s a girl!" Roberto shouted triumphantly. "It’s Victoria, she’s our Victoria." He hugged me, and his tears mingled with mine. Rarely did my husband express his enthusiasm so loudly. I, on the other hand, remained silent to stop the rush of thoughts and emotions that were tumbling through my mind. Dr. Kyong, who had monitored that long-awaited pregnancy and then the gestation process, continued examining the screen while moving a gel-covered device over my swollen belly. He explained the state of each organ, but we were no longer paying attention, radiating with total happiness.
A girl was no longer a concept; she was real. We had procreated a girl, who would become a great woman, like many of the ancestors who came before her. A woman who would find a path paved to take advantage of the opportunities that this new era offers.
"It’s a girl." Today, 32 years after her birth, there is no doubt when we see the great woman, master of her space, owner of her actions, her destiny, and her freedom, that our Victoria has become.

Comentarios
Publicar un comentario