Islas griegas

 

En un recorrido por las islas griegas del mar Egeo tuve una epifanía: ¿Es posible conocer la geografía de un lugar a través de la literatura? Yo sentía que ya había estado en estos sitios, aunque solo había leído sobre ellos en grandes obras maestras. La conexión fue tan profunda que comprendí que el conocimiento adquirido a través de las letras es tan intenso como el viaje en tiempo presente.

El crucero por el mar Egeo incluyó visitas a las islas de Creta, Rodas, Éfeso y Troya para terminar en Estambul. Estas islas consideradas griegas en la antigüedad, actualmente son parte de Grecia y de Turquía. Por supuesto Estambul no es isla y merece capítulo aparte.

Puerto de Heraklio, isla de Creta

La primera parada fue en Heraklio, isla de Creta. Esta isla evoca uno de los mitos más legendarios del mundo griego: el laberinto que construyó Dédalo en el palacio de Cnosos, lugar donde fue encerrado el famoso minotauro, hijo del toro sagrado y la reina Pasifae.

La visita al palacio de Cnosos me ofreció la oportunidad de reencontrarme con la figura del minotauro que aprendí a través del cuento de Borges, “La casa de Asterión”. La comprensión de este cuento ha evolucionado desde que lo leí por primera vez, en la medida en que aprendí sobre la mitología griega y la función alegórica que cumple el personaje. Cuando lo enseñé en mis cursos de literatura profundicé mucho más acerca del mito original y sobre los mensajes sutiles que reflejan la filosofía borgiana: la identidad, el doble y especialmente el laberinto.

En el cuento de Borges, la voz del narrador en primera persona revela a Asterión, un personaje que se debate entre la monstruosidad de su ser y su soledad como individuo. Asterión sabe que lo acusan de soberbia y tal vez de misantropía. Él no quiere salir de su casa, a pesar de que sus puertas están abiertas y puede observar el mar, y el templo de las Siete Hachas. Sin embargo los rostros horrorizados de la gente lo obligan a encerrarse en su Casa llena de galerías, patios y aljibes “donde todo está muchas veces” porque “su casa es del tamaño del mundo, mejor dicho, es el mundo”.

    

El minotauro se alimenta de nueve hombres que entran a su casa  para que él “los libere de todo mal”. Son los jóvenes sacrificados  traídos desde Atenas.  Dice que la ceremonia dura pocos minutos: “uno tras otro caen sin que él se ensangriente las manos”. Sin embargo, el minotauro quiere ser liberado. Sabe que algún día llegará su redentor. Se pregunta, “¿Será un toro o será un hombre? ¿Será un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”

Al final, Borges da un giro a la voz narrativa para develar el desenlace: “El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.”  La voz de Teseo nos llega firme y convincente: “Lo creerás Ariadna? El minotauro apenas se defendió”. De esta forma sucinta Borges nos cuenta el mito del minotauro sin utilizar el término ni una sola vez y sin introducir personajes; simplemente develando la esencia través de pincelazos sutiles y efectivos.

 

El recorrido por las ruinas del palacio de Cnossos por las que circuló este ser mitológico, develó la conexión entre toro-hombre: minotauro. Descubrí que el mito se desprende de ritos y creencias ancestrales anteriores a la civilización griega y que se extiende por la región de Asia Menor.

 

 

En el Museo de Arqueología de Heraklio se pueden apreciar diversas representaciones del culto al toro como un ser todopoderoso, símbolo de fuerza y poder. Los ritos del mundo antiguo demuestran que los primeros pobladores tenían una relación muy cercana con el toro. Se realizaban festivales en los que los jóvenes montaban y cabalgaban sobre él. El hombre que lograba dominarlo adquiría los poderes del animal.

Culto al toro, fresco en Museo de Arqueología de Heraklio

 Lo más llamativo fue apreciar una serie de pinturas en las que un jinete, montado sobre la parte superior de la bestia parece un toro con cara de hombre. Este descubrimiento me reveló la esencia del mito del minotauro. No es que el mito haya surgido de la ficción, sino que está fielmente arraigado en las creencias, cultura y prácticas de una civilización muy anterior a la cultura griega. Creo que ni siquiera Borges conocía este dato. En todo caso, esta visita me dio la oportunidad de apreciar una nueva dimensión de un texto literario que ha crecido en contenido, significados y proyecciones intelectuales.

 

Éfeso

La isla de Éfeso en la actual Turquía es un sitio que contiene historia, mito y leyenda. En esta isla ocurrieron hechos trascendentales para la historia, la filosofía y la cristiandad. Es la cuna de Heráclito, el filósofo que acuñó la famosa frase: “Nadie se baña dos veces en un mismo río, ni es el mismo hombre el que se baña en él”.  También fue el lugar donde pasó un tiempo el apóstol Pablo llevando las nuevas enseñanzas cristianas. Se conoce la carta “ad Efeso” en la que él ordena a las mujeres a “callar en el templo y a obedecer a sus maridos, cabeza del hogar.” De ahí proviene el término “adefesio”. También dicen que es donde María, la madre de Jesús, vivió sus últimos años en compañía del apóstol Juan.

Ciudad antigua de Éfeso


Éfeso es una de las ciudades mejor preservadas de la antigüedad griega. Se han encontrado reliquias de hace 10,000 años. Reúne una fusión de la historia comenzando por el período neolítico, pasando por los griegos y hasta los romanos. En el sitio arqueológico de Éfeso, se mantienen vivas las figuras emblemáticas de dioses: el templo de Artemisa, las columnas de Hércules y las piedras labradas con las figuras de la diosa Nike (de donde proviene la marca de zapatos Nike). El templo de Artemisa era una especie de Partenón equiparable al dedicado a la diosa Atenas en la ciudad del mismo nombre. Desafortunadamente se hundió durante un terremoto y solo  se conservan unas columnas de la construcción original.

Biblioteca de Celso en Éfeso

En Éfeso pudimos admirar las ruinas de la biblioteca de Celso, una de tres más antiguas, después de las de Alejandría y Pérgamo, y la que se conserva en mejor estado.  La biblioteca de Éfeso contenía miles de volúmenes que se perdieron a lo largo de invasiones, guerras y devastaciones. Sin embargo, sobreviven las estatuas que reflejan la sabiduría, la virtud, el conocimiento y el destino. Las columnas monumentales de estilo dórico mantienen parte de la estructura original y se puede apreciar el valor que tuvo el conocimiento en la edad antigua.

Anfiteatro de Éfeso

El anfiteatro en su forma circular sobre la cima de la colina mantiene casi en su forma original los estrados destinados a 25,000 espectadores. Lo más sobresaliente es el diseño  acústico que permitía escuchar a los actores en el escenario con nitidez, gracias a la estructura arquitectónica en forma modular y la dirección del viento que proviene del puerto, lo que permite proyectar las voces como un altavoz. Al final nos ofrecieron un show de danza y de combate de espadas representada por actores a la usanza de la antigua Grecia en este escenario espectacular.

 

Troya

La visita a la ciudad antigua de Troya fue una experiencia inolvidable. La isla, que actualmente pertenece a Turquía, tiene una posición estratégica entre el mar Egeo y el Mar negro, justo en los linderos que dividen Asia Menor de Europa. Al desembarcar nos encontramos con el gigantesco Caballo de Troya que se utilizó en la película Troy, en uno de los parques costeros de la isla, como emblema y blasón del lugar. 

El caballo de Troya

  Luego nos dirigimos a las ruinas de la antigua ciudad de Troya. A primera vista es un sitio de excavación arqueológica en donde solo se ven piedras desparramadas sobre unas colinas situadas en la cumbre de la isla. Lo que tuvo un valor esencial fue saber que allí se han encontrado vestigios de la batalla que tuvo lugar hace más de 3,000 años y que se recrea en La Ilíada. En el siglo XIX, un alemán de apellido Schliemann, emprendió la tarea de descubrir, excavar y  encontrar el sitio exacto donde ocurrió la famosa batalla de Troya. Unas monedas que identificaban “La nueva Ilión” halladas en el Hissarlik Hill fueron claves en confirmar la existencia de la ciudad, y de la historia que se cuenta en La Ilíada.

Durante todo el recorrido sentí una emoción  muy especial al experimentar una conexión con un evento ocurrido hace tanto tiempo y que he conocido a través de la literatura. La Ilíada y La Odisea son las primeras obras literarias conocidas del mundo occidental y las  que propiciaron el desarrollo de las formas y técnicas escriturales durante 2.500 años.

La Ilíada se escribió en el año 800 AC sobre un evento que tuvo lugar en 1.300 AC, o sea 500 años antes. La historia narra los eventos de la guerra de Troya durante un periodo de 51 días en el último año de la guerra. La trama se centra en el conflicto entre el héroe griego Aquiles y el líder de los griegos, Agamenón, y los eventos que resultan de esta disputa. El poema épico, ilustra un mundo de conflictos y pasiones entre los dioses y los hombres. Los héroes son descritos como seres poderosos, que también son presa de sus debilidades. La obra celebra las hazañas heroicas, pero también las emociones humanas como el amor, la lealtad y la amistad.

 ¿Cómo y por qué se escribió esta obra que ha transcendido hasta nuestros días y que se estudia en todo el mundo como lectura obligada y referencial? Recuerdo los debates en la clase del padre Manuel Briceño Jáuregui sobre la transmisión de las historias a través de la oralidad y de la memoria en tiempos de no escritura. El profesor se preguntaba si era posible la existencia de Homero o si fueron varios bardos los que reconstruyeron la historia bajo un solo nombre.  

Maqueta que reconstruye la ciudad de Troya en 1184 AC

En todo caso la batalla de Troya ocurrió como hecho histórico y los detalles se transmitieron en forma oral por 500 años hasta que un bardo la escribió en forma de canto épico en los orígenes de la lengua griega.  Esta historia que contiene todos los elementos de un texto literario: el mito, los héroes, la trama con acción y suspenso, marcaron el modelo a seguir en la literatura. Los grandes dramaturgos griegos tomaron elementos de Homero y lo continuaron en las grandes tragedias. Aristóteles se basó en estas obras para definir los elementos literarios en su famosa “Poética”.  Los grandes poetas y narradores del mundo han seguido el esquema trazado por los griegos para desarrollar sus obras literarias por más de dos mil años.

Y yo misma experimenté esta transmutación al situarme en el lugar de los hechos,  conectarme con los personajes y revivir la historia como si hubiera penetrado en un túnel del tiempo. Este fenómeno hermenéutico solo puede darse por medio de la literatura.
















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