Safari en Sudáfrica


   

 
Como en la escena inicial de El Rey León, la sabana sudafricana nos ofreció un desfile asombroso de vida salvaje. Antílopes, cebras, jabalíes, leones, elefantes, rinocerontes, jirafas y ñus desplegaron la majestuosidad de su naturaleza mientras avanzábamos en un vehículo 4x4 de safari por la Reserva Pumba en el Cabo Oriental de Sudáfrica.

Primero vimos a las cebras, seguidas de los antílopes y luego, a los jabalíes jugueteando entre sí. Unos pastaban, otros corrían mientras los demás descansaban entre los arbustos de las colinas de Pumba en un escenario de convivencia pacífica.

Los leones aparecieron en un recodo del camino, descansando cómodamente bajo los arbustos. Nos miraron sin mostrar el menor interés; dos leonas blancas incluso caminaron frente a nuestro vehículo como transeúntes que cruzan una calle con despreocupación.



 

Los leones de esta región presentan una coloración más clara, que obedece a un proceso de adaptación a las hierbas verde pálido, los matorrales secos y el terreno polvoriento del Cabo Oriental. Sus pelajes, de tonos arenosos o rubios, les permiten camuflarse casi a la perfección con el paisaje. Algunas leonas se ven de un color crema, casi blanco, mientras los machos exhiben tonalidades más suaves en el rostro y la melena. 

 

 

 

Más adelante encontramos tres rinocerontes, un macho y dos hembras, revolcándose en un pantano. Los rinocerontes son criaturas imponentes de apariencia prehistórica con ojos pequeños incrustados en enormes rostros macizos, coronados por un cuerno puntiagudo. Lejos de inspirarnos temor, su presencia despertó una profunda tristeza al pensar en la brutalidad de los cazadores furtivos y en la violencia que les infringen por arrancarles los cuernos. 

Entre el ramaje escondido divisamos dos jirafas un poco lejanas. Sus largos cuellos se extendían más allá de los arbustos de los que jalaban ramas llenas de hojas verdes. Al atravesar un puente sobre un pantano, asomaban las cabezas de dos hipopótamos; un poco lejanos, distinguimos a una madre con su bebé.

 

 

Finalmente, vimos a los enormes elefantes africanos color grisaseo, alimentándose de las ramas junto al camino. En un lado se hallaba la manada, con la matriarca liderando al grupo. Ellas pueden ser furiosas por proteger a su familia, así que continuamos sin detenernos. Más adelante, un gran macho se acercó directamente a nuestro vehículo, moviendo las orejas como en señal de reconocimiento antes de retornar a saborear los arbustos en la hora de almuerzo.

Regresamos por los caminos pedregosos, disfrutando nuevamente de la vista de cebras, antílopes, jabalíes verrugosos y ñus dispersos por las colinas en armoniosa convivencia. La escena evocaba la grandiosa entrada de la película de Disney, con la variedad de fauna salvaje corriendo por las sábana de Africa mientras se escucha el fondo musical con la canción que celebra el círculo de la vida.

 


 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Bora Bora y Tahití: las islas de la pasión

Haka, grito ancestral maorí

Alta Mar/ High Seas