TRAVESÍA- Amanecer en Honolulu
Elvira Sánchez-Blake (Crucero alrededor del mundo. Primera parada)
¡Tierra!, grité con el mismo ahínco que lo debió hacer Rodrigo de Triana hace 500 años. Tras cinco días de navegación por el Pacífico desde Los Angeles, por fin arrivamos a Honolulu a las 7:30 de la mañana. Yo me asomé al balcón de mi camerino cuando apenas comenzaba a clarear. El sol emergía sobre la cima del Diamond Head en medio de nubes coloradas, y el resto de la isla, con sus torres y edificios se extendía a lo largo de la costa. Fue una visión emocionante.
La excursión prevista en el itinerario incluía un recorrido por la isla y culminaba con la visita al museo de Pearl Harbor. Nos excusamos con el guía y preferimos dirigimos al Bishop Museum, donde encontramos lo que buscábamos: historia, tradiciones y riqueza cultural de la Polinesia y de los pueblos de Oceanía.
La Polinesia con sus más 25 mil islas sigue siendo un territorio incógnito. Su cultura y cosmología parecen haberse diluido tras las invasiones de misioneros y europeos con sus imposiciones culturales y fanatismos religiosos.
Dicen que el archipiélago de Hawaii se pobló por azar. Los océanos y las corrientes trajeron los habitantes de otras islas que se extraviaron en medio de tormentas. En el Museo Bishop aprendimos sobre la historia de estos pueblos surgidos de una serie de migraciones a lo largo del Pacífico. Muchos de ellos se desplazaron desde Taiwán, Mongolia, China, Japón, y se establecieron con sus ritos y costumbres ancestrales. Otras prácticas se consolidaron a partir de factores ambientales, como el hecho de vivir en un archipiélago compuesto por islas volcánicas en medio del océano.
Las islas del archipiélago de Hawái son las cimas que emergieron de una dorsal submarina formada por la actividad volcánica, conocida como la cadena de montes submarinos Hawái-Emperador. Las islas se encuentran situadas aproximadamente a tres mil kilómetros del continente más próximo, América, lo que convierte a Hawái en el archipiélago más aislado de la Tierra. Esto no parece haber sido un obstáculo para sus habitantes. La convivencia con volcanes activos, que discurren lava balsática por las laderas de las montañas hace parte de la vida cotidiana.
Aprendimos que las ballenas son como los "snowbirds" de Florida. Pasan seis meses en Alaska y otros seis en Hawái. Su presencia durante los meses de invierno es apreciada por los hawaianos. Lejos de molestarlas, las acogen y respetan sus rituales de apareamiento, y se enorgullecen del atractivo que aportan a la isla con sus jugueteos y acrobacias.
Bishop Museum |
La cosmogonía de los nativos polinesios es muy compleja y presenta paralelos con los mayas y los incas. Kane es uno de los dioses primordiales y uno de las cuatro grandes deidades. Creador del cielo y la tierra y el agua dulce que fluye. Se dice que Kane moldeó al primer humano, y al mismo tiempo inició la agricultura, la pesca y el culto a las piedras erguidas. Kane se representa como una caña (kane-Ko), planta asociada a la fertilidad. Otra deidad de gran importancia es Kú, dios del poder, la guerra y del orden social. Sus representaciones en totems o estatuas de madera reflejan un ser horripilante con la intención de generar temor y obediencia. No obstante, una inscripción que nos llamó la atención rezaba así: "Existen muchos y diversos dioses que convergen en uno solo grande y omnipotente". Esta visión sugiere que el monoteísmo reflejado en diversos cultos ya estaba presente en la cosmogonía polinesia antes de la llegada de los misioneros cristianos.
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Dios Kú
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Ante todo, la visita a Honolulu sembró la expectativa de lo que vamos a ver en las próximas paradas del crucero alrededor del mundo y especialmente en las islas de Polinesia del sur.

La creación del mundo en la cosmogonía hawaiana





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