Tras el rastro de Drácula en Rumania
¿Es posible creer que se haya erguido una capilla y altar a Vlad Têpeş, el personaje histórico que inspiró la leyenda de Drácula?
El vampirismo se ha extendido como un género en la literatura, el cine, las artes visuales y en las modas de los jóvenes. Aparece en obras góticas como Twilight, The Vampire Chronicles, The recovery of the Witches, Nosferatu, y una gran cantidad de películas y series que romantizan a los hombres vampiros como seres atractivos, sensuales y misteriosos que tienen dos características esenciales: chupan la sangre de sus víctimas y las convierten en vampiros y con esto logran la inmortalidad.
Una obra que vale
la pena mencionar es El historiador
de Elizabeth Kostova. Esta novela
histórica retoma la historia de Vlad Têpeş, las leyendas que se han tejido
sobre su figura, y el hecho real de que su cuerpo fue decapitado tras
su muerte. La cabeza fue llevada hasta Constantinopla para izarla como trofeo,
del mismo modo que lo hizo él con tantas de sus víctimas. En la novela, el personaje encuentra un libro con la figura de un dragón labrada en la portada. Este detalle lo lleva a investigar sobre su procedencia y lo conduce hasta Rumania en
busca de la tumba de Drácula. Tras muchas aventuras en las que va descubriendo las leyendas y la historia sobre el personaje, llega hasta el monasterio donde se encuentra la tumba.
Sin embargo, al destapar la lápida del ataúd, no encuentra los restos y
en cambio aparece el Conde Drácula tal como lo presenta Bram Stoker en su
novela. Drácula le revela que él ha concebido la estrategia del libro con el símbolo del dragón para conducirlo hasta él con el fin de hacerlo su prisionero y continuador de su empresa diabólica. El desenlace es sorpresivo con algunas premisas debatibles que no revelaré en este escrito.
Lo importante es que Kostova combina al personaje histórico y al ficcional, recreando los elementos esenciales de la leyenda, el vampirismo y la superstición para dejar una inquietud sobre el legado de Drácula. Esta inquietud fue la misma que experimenté al encontrarme ante la tumba del famoso Vlad Têpeş en un monasterio remoto en los motes Cárpatos de Rumania, rodeada de íconos ortodoxos ante un altar que preserva la memoria del infame personaje.



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