Tras el rastro de Drácula en Rumania



¿Es posible creer que se haya erguido una capilla y altar a Vlad Têpeş, el personaje histórico que inspiró la leyenda de Drácula?

La capilla está localizada en un monasterio sobre la ribera del lago Snagov en la región de Valaquia, Rumania. Como gobernador de Valaquia en 1476, Vlad  se deleitaba en empalar a sus enemigos, cortar sus cabezas y colocarlas sobre astas, desmembrar y torturar a sus víctimas usando las técnicas más sofisticadas de crueldad que se conocen. Al final, Al final, fue derrotado por su enemigo, el Sultán otomano Memeth II, en la región de Snagov. Sin embargo, Vlad Tepeş, Drakulo (que significa dragón), es reverenciado por haber logrado detener la expansión de los otomanos y por defender la cristiandad. Se sabe que al verse acorralado por las huestes turcas, ofreció tesoros magníficos para que su cuerpo fuera sepultado y se dijeran misas para la salvación de su alma en el monasterio que se encontraba en esta región.  Los monjes ortodoxos cumplieron con su misión al levantar una capilla donde se conservan lo restos de Vlad rodeado de candelabros  con flores frescas frente a un altar.


La leyenda del conde Drácula extendida por Bram Stoker con su novela sobre el conde Drácula  del siglo XIX se inspiró en Vlad, y más tarde lo siguieron una serie de libros y películas que a la postre han generado un nuevo género: el vampirismo. En un recorrido por los países del este de Europa, encontré que el vampirismo se remota a las creencias de los tártaros, los dacios y los hunos, tribus que ocuparon la región de los balcanes antes de los romanos. Ellos creían en una segunda vida después de la muerte y también asociaban a los lobos y a los dragones con lo demoniaco. Estas creencias se mezclan con la idea del vampiro y con el acto de chupar la sangre, y es por eso que existe la costumbre de colocar racimos de ajo y un crucifijo en las puertas de las casas para prevenir la entrada de alguna de estas criaturas. Todos estos elementos se mezclan en un sincretismo de creencias y mitos que alimentaron el surgimiento de la leyenda de Drácula. Curiosamente, uno de los íconos presentes en todas las iglesias ortodoxas de los balcanes es la imagen de San Jorge sobre su caballo hundiendo su lanza en el dragón, como símbolo del triunfo del bien sobre el mal.
 

El vampirismo se ha extendido como un género en la literatura, el cine, las artes visuales y en las modas de los jóvenes.  Aparece en obras góticas como Twilight, The Vampire Chronicles, The recovery of the Witches, Nosferatu, y una gran cantidad de películas y series que romantizan a los hombres vampiros como seres atractivos, sensuales y misteriosos que tienen dos características esenciales:  chupan la sangre de sus víctimas y las convierten en vampiros y con esto logran la inmortalidad.

Una obra que vale la pena mencionar es  El historiador de Elizabeth Kostova.  Esta novela histórica retoma la historia de Vlad Têpeş, las leyendas que se han tejido sobre su figura, y el hecho real de que su cuerpo fue decapitado tras su muerte. La cabeza fue llevada hasta Constantinopla para izarla como trofeo, del mismo modo que lo hizo él con tantas de sus víctimas. En la novela, el personaje encuentra un libro con la figura de un dragón labrada en la portada. Este detalle lo lleva a investigar sobre su procedencia y lo conduce hasta Rumania en busca de la tumba de Drácula. Tras muchas aventuras en las que va descubriendo las leyendas y la historia sobre el personaje, llega hasta el monasterio donde se encuentra la tumba. Sin embargo, al destapar la lápida del ataúd, no encuentra los restos y en cambio aparece el Conde Drácula tal como lo presenta Bram Stoker en su novela. Drácula le revela que él ha concebido la estrategia del libro con el símbolo del dragón para conducirlo hasta él con el fin de hacerlo su prisionero y continuador de su empresa diabólica. El desenlace es sorpresivo con algunas premisas debatibles que no revelaré en este escrito.

Lo importante es que Kostova combina al personaje histórico y al ficcional, recreando los elementos esenciales de la leyenda, el vampirismo y la superstición para dejar una inquietud sobre el legado de Drácula.  Esta inquietud fue la misma que experimenté al encontrarme ante la tumba del famoso Vlad Têpeş en un monasterio remoto en los motes Cárpatos de Rumania, rodeada de íconos ortodoxos ante un altar que preserva la memoria del infame personaje. 



 

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